CRIBADO DE LA DISPLASIA
EVOLUTIVA DE CADERA
Autora:
Laura García Soto y Grupo PrevInfad
Cómo
citar este artículo: García
Soto L. Cribado de la displasia
evolutiva de cadera. En: Recomendaciones
PrevInfad/PAPPS [en línea]. Actualizado 1 de agosto de 2026 [consultado
DD-MM-AAAA]. Disponible en https://previnfad.aepap.org/monografia/cadera
La autora
declara que no tiene conflictos de intereses en relación con el tema abordado
en este documento.
ÍNDICE:
Introducción
Magnitud del problema
Marco analítico
Preguntas clínicas estructuradas
Valoración de la
evidencia
Recomendaciones de otros
grupos
Recomendaciones de PrevInfad
Bibliografía
INTRODUCCIÓN
La displasia evolutiva de la cadera
(DEC) es un trastorno progresivo en el que se produce una relación anormal
entre la cabeza del fémur y el acetábulo. Esta alteración abarca diversas
situaciones que pueden surgir desde el periodo intrauterino hasta la infancia
temprana, presentando una gama variable de gravedad, que va desde una leve
displasia acetabular sin luxación hasta una luxación franca de la cadera.
La articulación de la cadera se
compone del acetábulo, la cabeza del fémur y las estructuras blandas, que
incluyen la cápsula articular, el labrum (que aumenta la profundidad del
acetábulo), el ligamento redondo (que conecta la cabeza del fémur al fondo del
acetábulo) y el tejido pulvinar (que cubre la porción no articular del
acetábulo). Durante la etapa embrionaria y fetal, el desarrollo del acetábulo y
la cabeza del fémur está estrechamente interrelacionado, ya que la presión
ejercida por la cabeza femoral sobre el acetábulo contribuye a su modelado en
forma de bóveda.
Al nacer, tanto el acetábulo como la
cabeza del fémur son predominantemente cartilaginosos, lo que resulta en una
cierta laxitud fisiológica e inmadurez en las primeras semanas de vida. En la
etapa postnatal el acetábulo continúa su proceso de desarrollo mediante la
formación del labrum, que rodea la porción ósea del acetábulo y aumenta
la profundidad de la cavidad.
La cadera experimenta cambios que
afectan al acetábulo, al fémur proximal y a las estructuras blandas
circundantes. Cualquier alteración en estas partes, tanto durante el periodo
intrauterino como después del nacimiento, puede conducir a un desarrollo anómalo
de la cadera (1,2).
La DEC representa un espectro de
alteraciones del desarrollo que afectan a la conformación y a la congruencia de
la articulación coxofemoral en el lactante. Desde el punto de vista clínico,
las formas más significativas se detectan en el periodo neonatal mediante la
exploración física seriada. Las maniobras de Ortolani y Barlow permiten
identificar caderas luxadas o luxables, aunque su sensibilidad puede verse
limitada por factores como la experiencia del examinador o la edad del
lactante.
En cuanto a la evaluación
ecográfica, la clasificación más ampliamente utilizada es la de Graf, que
diferencia varios tipos de desarrollo acetabular en función de la morfología
observada y la medición de ángulos estandarizados. El más importante es el ángulo
alfa, que refleja el desarrollo del techo óseo acetabular y constituye el
principal parámetro para clasificar la cadera. La clasificación de Graf permite
categorizar las caderas como normales, inmaduras, displásicas o luxadas (Tabla
1).
Tabla 1. Clasificación simplificada
de Graf
|
Tipo Graf |
Ángulo α |
Descripción |
Interpretación clínica |
|
I |
|
Cadera madura |
Normal |
|
II a (< 3 meses) |
50-59º |
Inmadurez fisiológica |
Seguimiento |
|
II b (> 3 meses) |
50-59º |
Inmadurez persistente |
Displasia leve |
|
II c- IId |
43-49º |
Displasia significativa |
Riesgo de progresión |
|
III-IV |
< 43º |
Subluxación o luxación |
Displasia grave |
La descripción ecográfica detallada
de cada subtipo incluye múltiples parámetros morfológicos y angulares que
exceden el objetivo de este documento, por lo que se presenta una versión
simplificada orientada a la interpretación clínica.
La precisión y aplicabilidad clínica
de la ecografía se desarrollan con mayor detalle en el apartado correspondiente
a la Pregunta 2 del marco analítico, donde se analiza la validez de las pruebas
disponibles para el cribado de la DEC en lactantes menores de 6 meses.
MAGNITUD DEL PROBLEMA
Epidemiología
La DEC es una de las anomalías
musculoesqueléticas más frecuentes en el lactante. Su incidencia varía
considerablemente debido a las diferencias en los criterios diagnósticos, los
métodos de cribado, la edad de evaluación y diversos factores étnicos y geográficos.
La revisión sistemática y
metaanálisis de Kuitunen et al, publicada en 2022, recopiló 76 estudios
observacionales con más de 16,9 millones de lactantes, procedentes
principalmente de Europa y Asia, para estimar la incidencia de DEC según la
estrategia de cribado empleada (clínico, ecográfico selectivo o ecográfico
universal) (3). Las tasas de diagnóstico precoz fueron más elevadas con el
cribado ecográfico universal (23 lactantes con DEC por cada 1000 recién
nacidos; intervalo de confianza del 95% [IC 95%]: 15,7-33,4) frente al
selectivo (4,4/1000; IC 95%: 2,4-8,0) y al clínico (8,4/1000; IC 95%:
4,8-14,8).
Factores de riesgo
Diversos estudios han identificado
una serie de factores que aumentan significativamente el riesgo de DEC en
lactantes. Los principales son el sexo femenino, la presentación podálica y los
antecedentes familiares de DEC.
●
Sexo femenino: aumenta el riesgo de DEC con odds ratios (OR) que varían
entre 2,5 y 7, dependiendo del estudio y la población analizada. Por ejemplo,
un metaanálisis reciente publicado en 2025 reporta una OR de 2,5 (IC 95%:
1,74-3,59) para niñas respecto a niños (4), mientras que otro metaanálisis de
estudios de cohortes, publicado en 2024, encuentra un OR de 6,97 (IC 95%:
5,18-9,39) (5).
●
Presentación podálica: es uno de los factores de riesgo
más importantes, con OR de 4,15 (IC 95%: 2,62-6,57) y 4,14 (IC 95%: 3,09-5,54)
en los metaanálisis más recientes (4,5). El riesgo se mantiene elevado
independientemente de que el nacimiento sea por vía vaginal o por cesárea.
●
Antecedentes familiares de DEC: el antecedente de DEC en un
familiar de primer grado también se asocia a un riesgo elevado, con OR de 3,83
(IC 95%: 2,05-7,15) y 4,07 (IC 95%: 2,20-7,52) (4,5).
Otro factor de riesgo que presenta
OR elevados en ambos metaanálisis es el oligoamnios, con valores cercanos a 4
tanto en el estudio de Tirta (OR 3,93; IC 95%: 1,29-12,01) (4) como en el de
Chen (OR 3,76; IC 95%: 1,66-8,53) (5). Sin embargo, su interpretación es
limitada porque en ambos estudios el número de casos con oligoamnios es muy
reducido, lo que genera estimaciones imprecisas e intervalos de confianza
amplios.
Tirta et al (2025) no
encontraron asociación con un aumento del riesgo de DEC para otros factores
como el parto por cesárea, la primiparidad, el bajo peso al nacer, los
nacimientos múltiples y la prematuridad (4).
Sin embargo, en el metaanálisis de
Chen (2024) sí se encontraron otros factores de riesgo como ser primogénito,
que supone un riesgo moderadamente elevado (OR 1,84, IC 95%: 1,49-2,53), las
deformidades musculoesqueléticas asociadas como el pie zambo, que también
implican mayor riesgo (OR 2,27; IC 95%: 1,58-3,27) y la práctica de envolver al
lactante con las caderas en extensión y aducción (swaddling), muy
extendida en los países asiáticos, que puede aumentar el riesgo de DEC
especialmente si se realiza durante periodos prolongados (OR 6,74; IC 95%:
1,25-36,31). En consonancia con el metaanálisis de Tirta, otros factores como
el parto por cesárea, el bajo peso al nacer o las gestaciones múltiples no
mostraron una asociación clara o consistente (5).
El porteo ergonómico como posible
factor protector
El porteo ergonómico, definido como
aquel que mantiene al lactante en una posición de abducción y flexión de
caderas (“posición de ranita”), ha sido estudiado como posible factor protector
frente a la DEC.
En la actualidad, el porteo infantil
se ha extendido ampliamente en todo el mundo, impulsado por los beneficios
emocionales y sociales del contacto cercano entre el cuidador y el bebé, así
como por sus efectos positivos sobre el desarrollo y la salud infantil. No
obstante, los portabebés disponibles presentan una gran diversidad en su
diseño: algunos son frontales, permitiendo que el bebé mire hacia dentro o
hacia fuera, y también existen modelos de porteo a la espalda. Además, el
soporte de las piernas difiere según el modelo, pudiendo ser de base estrecha,
que sostiene al bebé solo por la zona púbica, o de base ancha, que proporciona
apoyo de rodilla a rodilla. En consecuencia, la posición de las caderas del
lactante varía según el tipo de dispositivo utilizado. En la figura 1 se
muestran las diferencias principales entre ambos tipos de porteo.
Figura 1. Diferencias entre
portabebé de base ancha (ergonómico) y portabebé de base estrecha (no
ergonómico). Imagen generada mediante Inteligencia Artificial (IA)
El estudio experimental de Siddicky et
al. comparó, mediante ecografía, la posición articular de lactantes
colocados en arnés de Pavlik, portabebés de base ancha y portabebés de base
estrecha. Participaron 13 lactantes, y los autores hallaron que el ángulo alfa
de Graf fue significativamente menor en el portabebés de base estrecha (56,9°)
frente al arnés de Pavlik (63,8°; p=0,007), mientras que el portabebés de base
ancha mostró valores similares al arnés (64,6°; p=0,333). La cobertura femoral,
es decir, el porcentaje de la cabeza del fémur que queda dentro del acetábulo,
también fue inferior en el modelo de base estrecha (60,3%) respecto al Pavlik
(72,7%) y al de base ancha (70,1%) (6).
Estos resultados sugieren que los
portabebés de base ancha, que mantienen las caderas en flexión y abducción
moderadas, reproducen una posición comparable a la del arnés de Pavlik,
mientras que los de base estrecha inducen extensión y aducción potencialmente
desfavorables. A pesar de su tamaño muestral reducido, el trabajo aporta
evidencia biomecánica de que el porteo con portabebés de base ancha podría
actuar como factor protector para un desarrollo acetabular saludable, apoyando
las recomendaciones del International Hip Dysplasia Institute sobre
limitar el uso prolongado de portabebés de base estrecha (7).
En esta misma línea, el estudio de
Loder y Skopelja (8) ofrece una revisión global de la epidemiología de la DEC y
destaca la influencia de las prácticas culturales de porteo y posicionamiento
infantil en su incidencia. Los autores describen tasas extremadamente
variables, desde 0,06 por 1000 nacidos vivos en poblaciones africanas hasta
76,1 por 1000 en nativos americanos, y atribuyen estas diferencias, en parte, a
factores relacionados con la postura del lactante. Así, el porteo a la espalda
con las caderas en flexión y abducción, típico de algunas culturas africanas,
se asocia con una baja incidencia de DEC, mientras que el swaddling restrictivo
con las piernas extendidas parece que aumenta el riesgo (figuras 2 y 3,
generadas mediante IA).
Figura 2. Porteo tradicional a la
espalda Figura 3. Swaddling restrictivo,
con
mediante fular, con el lactante colocado el lactante envuelto
de forma ajustada,
en una posición que favorece la flexión las extremidades inferiores mantenida
y abducción de las caderas. en
extensión
MARCO ANALÍTICO
PREGUNTAS CLÍNICAS ESTRUCTURADAS
Pregunta 1. En lactantes menores de 6 meses,
¿hacer cribado de displasia de cadera mediante exploración clínica o ecografía
reduce la morbilidad asociada a la misma?
Pregunta 2. En lactantes menores de 6 meses,
¿disponemos de métodos válidos para detectar la displasia de cadera?
Pregunta 3. En lactantes menores de 6 meses,
¿disponemos de tratamientos eficaces para la displasia de cadera?
Pregunta 4. ¿Cuáles son los daños potenciales
del cribado?
Pregunta 5. ¿Cuáles son los daños potenciales
del tratamiento?
Pregunta 1. En lactantes menores de
6 meses, ¿hacer cribado de displasia de cadera mediante exploración clínica o
ecografía reduce la morbilidad asociada a la misma?
El cribado de la displasia de cadera
tiene como objetivo identificar casos antes de que aparezcan síntomas y, por
tanto, daño estructural, evitando la necesidad de tratamientos agresivos como
cirugía abierta o artroplastias futuras. No se han encontrado estudios, sin
embargo, que comparen directamente la efectividad del cribado frente a la
ausencia de cribado en términos de morbilidad a largo plazo. Aun así, existen
dos estudios poblacionales noruegos que, sin evaluar “cribado vs no cribado”,
sí aportan datos relevantes sobre la morbilidad a medio y largo plazo en
función de la detección neonatal.
El primero, un estudio de cohortes
que enlazó 2,2 millones de nacimientos con el registro nacional de
artroplastias, mostró que el 92 % de los adultos sometidos a artroplastia por
secuelas de displasia, sus caderas no habían sido clasificadas como
inestables al nacimiento, lo que evidencia la baja sensibilidad de la
exploración clínica neonatal para identificar las displasias que tendrán
relevancia clínica futura (9). Estos datos sugieren que, incluso en un contexto
de cribado clínico sistemático, la mayoría de las displasias relevantes no se
detectan en el periodo neonatal, y por tanto la capacidad del cribado para
modificar la morbimortalidad futura puede ser limitada.
El segundo estudio corresponde al
seguimiento a los 18–20 años del ensayo clínico aleatorizado de Rosendahl, que
comparó cribado clínico, ecografía selectiva y ecografía universal. Se
evidenció que en la edad adulta joven no hubo diferencias entre
estrategias en ningún marcador radiológico de displasia ni de degeneración
articular. Es decir, la mayor detección y el mayor tratamiento derivados del
cribado universal no se tradujeron en un beneficio estructural a medio-largo
plazo (10).
La mayoría de los trabajos
publicados se centran en comparar distintas estrategias de cribado y su impacto
sobre el diagnóstico tardío y la necesidad posterior de tratamiento quirúrgico.
En este sentido, la evidencia
disponible procede fundamentalmente de tres grandes fuentes: la revisión
Cochrane 2011 (11), el metaanálisis de Jung et al en 2020 (12) y el
metaanálisis de Kuitunen et al en 2022 (3). En conjunto, estos trabajos
muestran resultados consistentes en una dirección: el cribado universal con
ecografía no reduce la morbilidad clínica relevante asociada a la DEC
(diagnóstico tardío ni necesidad de cirugía), aunque incrementa de forma
notable el número de tratamientos ortopédicos.
La revisión Cochrane, que incluyó
cinco ensayos clínicos aleatorizados y cuasi-aleatorizados, comparó distintas
estrategias de cribado en recién nacidos menores de seis semanas: exploración
clínica, ecografía universal y ecografía dirigida por factores de riesgo.
Ninguna de estas estrategias mostró diferencias significativas en los
desenlaces clínicos relevantes (diagnóstico tardío, necesidad de cirugía o
complicaciones graves del tratamiento). En el ensayo de Rosendahl (1994), la
ecografía universal aumentó significativamente el número de tratamientos con
férulas o arneses (riesgo relativo [RR] 1,68; IC 95 %: 1,28-2,20), sin reducir
los casos de displasia tardía ni la necesidad de cirugía. Por el contrario,
Holen (2002), con una cohorte mayor (15 529 lactantes), no observó diferencias
significativas ni en la tasa de tratamiento ni en los resultados clínicos (RR
1,07; IC 95 %: 0,77-1,49). Ambos ensayos presentaban limitaciones metodológicas
importantes: riesgo de sesgo por ausencia de ocultación de la asignación, falta
de cegamiento y escasa potencia estadística para detectar eventos poco frecuentes
como necrosis avascular (NAV) o cirugía.
El metaanálisis de Jung y Jang, que
combinó estos ensayos clínicos aleatorizados (ECA) (Rosendahl 1994, Holen 2002)
con tres estudios de cohortes, actualizó la comparación entre cribado
ecográfico universal y selectivo. En el análisis global, el cribado universal
pareció asociarse con menor riesgo de displasia diagnosticada tardíamente (OR
0,44; IC 95 %: 0,23-0,83), pero este efecto se debía casi exclusivamente a un
estudio observacional (Clegg et al.), mientras que los ensayos clínicos
aleatorizados no mostraron diferencias significativas (OR 0,52; IC 95 %:
0,20-1,39). La heterogeneidad metodológica fue alta: los estudios diferían en
la definición de “diagnóstico tardío” (entre 4 semanas y 6 meses) y en las
estrategias de cribado comparadas. Además, el bajo número de eventos y la
concentración de los estudios en Europa en cohortes de los años 1970-1990
limitan la aplicabilidad a los programas actuales de salud infantil. En
conjunto, los autores concluyen que la aparente ventaja de la ecografía
universal carece de robustez estadística, ya que depende en gran medida de
estudios observaciones, más expuestos a sesgo por factores de confusión.
Los hallazgos de la revisión
sistemática y metaanálisis de Kuitunen et al. refuerzan esta
interpretación. Este trabajo incluyó 76 estudios observacionales que, en
conjunto, sumaban más de 16 millones de recién nacidos, y comparó las
incidencias de displasia detectada precoz o tardíamente y los tratamientos
requeridos según la estrategia de cribado. El cribado ecográfico universal
detectó más casos de displasia (23,0 por 1000; IC 95 %: 15,7-33,4) que el
selectivo (4,4 por 1000; IC 95 %: 2,4-8,0) o el exclusivamente clínico (8,4 por
1000; IC 95 %: 4,8-14,8), y se asoció con una mayor tasa de tratamiento
ortopédico no quirúrgico (9,8 por 1000; IC 95 %: 6,7-14,4 vs 3,1 por 1000; IC
95 %: 2,0-4,8 en cribado selectivo). Sin embargo, esta detección más precoz y
el mayor tratamiento no se tradujeron en mejoras clínicas relevantes: la tasa
de DEC diagnosticada tardíamente fue similar entre estrategias (0,2 por 1000;
IC 95 %: 0,0-0,8 con cribado universal vs 0,6 por 1000; IC 95 %: 0,3-1,3 con
cribado selectivo), al igual que la incidencia de cirugía (0,4 por 1000; IC 95
%: 0,2-0,7 vs 0,5 por 1000; IC 95 %: 0,4-1,7).
En conjunto, la evidencia disponible
(de calidad baja a moderada y con riesgo de sesgo apreciable) indica que el
cribado universal con ecografía incrementa el número de diagnósticos y
tratamientos sin reducir la morbilidad a largo plazo, lo que implica un riesgo
de sobrediagnóstico y sobretratamiento.
Pregunta 2.
En lactantes menores de 6 meses, ¿disponemos de métodos válidos para detectar
la displasia de cadera?
La validez de las pruebas
diagnósticas es un elemento esencial en cualquier programa de cribado. En el
caso de la DEC, la detección precoz se basa principalmente en la exploración
clínica mediante las maniobras de Ortolani y Barlow, la prueba de abducción
limitada, la búsqueda de signos indirectos (asimetría de pliegues, maniobra de
Galeazzi), y la ecografía de cadera.
- Exploración clínica
El metaanálisis de
Chavoshi et al, en el que se analizan 25 estudios con más de 72 000
lactantes y solo en dos de ellos se recogen datos de mayores de 6 meses,
muestra que la exploración clínica tiene un rendimiento insuficiente como
herramienta de cribado para la displasia de cadera cuando se utiliza frente a
la ecografía según el método de Graf (13). El rendimiento global del examen
físico (combinando Barlow, Ortolani y limitación a la abducción) muestra una
sensibilidad de solo 40% (IC 95%: 31-51%). Aunque la especificidad es alta (96%;
IC 95%: 90-98%), esto solo indica que la mayoría de los niños sanos serán
correctamente clasificados, pero no resuelve el problema de los falsos
negativos, que en cribado son el principal riesgo clínico.
Del mismo modo, cuando
se analizan las maniobras específicas, las pruebas de Barlow y Ortolani
muestran una sensibilidad del 36% (IC 95%: 25-48%). Su especificidad es alta
(98%; IC 95%: 93-99%), lo que las hace útiles para confirmar la sospecha, pero
clínicamente inaceptables como herramienta de cribado primaria.
La limitación de la
abducción de cadera, que suele emplearse como maniobra de seguimiento en
lactantes mayores, mejora algo la sensibilidad (45%; IC 95%: 24-69%), pero a
costa de una caída relevante de la especificidad (78%; IC 95%: 62-88%), lo que
incrementa los falsos positivos y el riesgo de sobrediagnóstico y tratamientos
innecesarios.
Por su parte, el
metaanálisis publicado en JAMA en 2024 por Singh et al evaluó la
exactitud diagnóstica del examen clínico (Barlow y Ortolani, limitación de la
abducción y “clic” de cadera) en la detección de la DEC en lactantes de tres
meses o menos, tomando como referencia la ecografía mediante el método de Graf
(14). Se incluyeron nueve estudios que, en conjunto, analizaron más de 44 000
caderas, con una prevalencia de displasia cercana al 1%. Los resultados
mostraron que las maniobras de Barlow y Ortolani presentan una alta
especificidad (99,1%; IC 95%: 97,9%-99,6%) con una sensibilidad media (46%; IC
95%: 26%-67%). El cociente de probabilidad positivo (LR+) fue de 52 (IC 95%:
21-127), mientras que el LR- fue de 0,55 (IC 95%: 0,37-0,82). En un entorno de
prevalencia baja (1%) el LR+ de 52 eleva la probabilidad post test al 33%, es
decir, un tercio de los positivos está realmente enfermo, cifra muy superior al
punto de partida. El LR- de 0,55 apenas reduce la probabilidad post test al
0,5%, lo que significa que una exploración negativa no descarta la enfermedad
con certeza. La limitación de la abducción fue aún menos sensible (13%; IC 95%:
3,3-37) aunque bastante específica (97%; IC 95%: 87-99), con un LR+ 3,6 (IC
95%: 0,72-18) y un LR- 0,91 (IC 95%: 0,76-1,1), por lo que su utilidad es
escasa. Finalmente, el “clic” de cadera tuvo valores cercanos a la neutralidad
(LR+ 1,6; LR- 0,95), sin relevancia diagnóstica.
Desde el punto de vista
clínico, la evidencia indica que la exploración física por sí sola no es válida
como prueba de exclusión, pero sí tiene gran valor confirmatorio. En otras
palabras, una maniobra de Barlow o Ortolani positiva multiplica la probabilidad
de DEC y justifica una ecografía preferente, mientras que una exploración
normal no garantiza ausencia de enfermedad, sobre todo si existen factores de
riesgo como sexo femenino, parto de nalgas o antecedentes familiares. Por el
contrario, la limitación de abducción o el clic carecen de potencia diagnóstica
suficiente y no deberían considerarse criterios aislados de derivación.
Por otro lado, la asimetría de
pliegues es un signo clínico históricamente incluido en el cribado de DEC,
aunque su utilidad diagnóstica ha sido cuestionada. Dos estudios recientes
(14,15) aportan resultados aparentemente divergentes pero explicables según el
diseño, la edad estudiada y el criterio diagnóstico empleado.
Por un lado, Kang et al.
evaluaron 584 lactantes de 4 a 12 meses remitidos a un hospital terciario por
sospecha de DEC y concluyeron que la asimetría de pliegues aislada carece de
valor diagnóstico. En este estudio, ninguno de los 458 lactantes remitidos
únicamente por asimetría de pliegues fue diagnosticado de DEC confirmada
radiológicamente (15).
Por el contrario, Ömeroğlu et al.
realizaron un estudio caso-control con 1000 controles sanos (caderas Graf I) y
246 lactantes menores de 6 meses con DEC ecográficamente confirmada (Graf
IIa-IV). Este estudio encontró que la presencia de asimetría de pliegues
aislada se asoció con un incremento significativo del riesgo de DEC, con una OR
de 3,46 (IC 95%: 2,12-5,66), mientras que si se consideraba junto a otros
hallazgos clínicos (limitación de la abducción, prueba de Galeazzi) incrementó
el riesgo 7,48 veces (IC 95%: 4,93-11,34). Aunque la sensibilidad fue baja
(asimetría aislada 12,6%; asimetría junto a otros hallazgos 25,6%), la
especificidad fue elevada (96,0% y 95,6%, respectivamente) (16).
Las diferencias entre ambos estudios
pueden atribuirse a la edad evaluada, ya que Ömeroğlu estudia lactantes más
pequeños (media 1,5-3 meses), etapa en la que los signos físicos son más
sutiles y Kang evalúa a lactantes mayores de 4 meses, donde la exploración
clínica es más fiable y la asimetría de pliegues probablemente pierde valor; al
método diagnóstico empleado (Ömeroğlu emplea ecografía de Graf, más sensible en
lactantes jóvenes; Kang utiliza radiografía, menos precisa en menores de 6
meses) y al diseño del estudio (Kang analiza población remitida sesgada,
mientras que Ömeroğlu incluye comparación con controles).
- Ecografía
En 2021 Chavoshi et
al publicaron un metaanálisis que evaluó la precisión del método
ecográfico de Graf para diagnosticar la DEC en lactantes menores de tres
meses (17). Los autores revisaron los estudios publicados y seleccionaron seis
trabajos (siete poblaciones distintas, ya que uno de los estudios incluía dos
poblaciones: la primera con ecografía a las 4 semanas y la segunda a las 8
semanas), que en conjunto incluían 11 012 lactantes. En la mayoría de
los casos la ecografía se realizó entre las 4 y las 8 semanas de vida, aunque
en un estudio se hizo durante los primeros días tras el nacimiento.
Tres eran retrospectivos
y tres prospectivos, y algunos aplicaban cribado universal mientras que otros
usaban cribado selectivo. Además, los métodos para confirmar si el niño tenía
realmente displasia eran muy distintos: algunos usaron seguimiento
clínico a largo plazo, otros radiografía a los 6 o 12 meses, y
otros una segunda ecografía meses después.
El metaanálisis combinó
los resultados de todos los estudios para calcular una sensibilidad global del
93% (IC 95%: 57%-99%) y una especificidad del 97% (IC 95%: 86%-99%). El área
bajo la curva ROC (AUC = 0,99; IC 95%: 0,97-0,99) mostró que el rendimiento
global del método era muy alto.
Sin embargo, los autores
encontraron una heterogeneidad muy alta entre los estudios. Los
resultados variaban mucho de un estudio a otro, por las diferencias en la edad
del cribado, la población o la formación del ecografista.
En el análisis por
subgrupos, los estudios que realizaron la ecografía a partir del segundo mes de vida obtuvieron una sensibilidad del 88% (IC 95%:
19%-100%) y especificidad del 91% (IC 95%: 86%-93%), ligeramente
inferiores a las globales. Estos resultados sugieren que la edad de realización
influye en la precisión diagnóstica, siendo el intervalo óptimo entre las 4 y
las 6 semanas. Realizarla antes de ese periodo (en los primeros días de vida)
puede generar un número elevado de falsos positivos, ya que muchas caderas
inmaduras se normalizan espontáneamente con el crecimiento.
La calidad de los
estudios incluidos fue variable: algunos no describen bien cómo se eligieron
los pacientes ni qué se usó como referencia para confirmar el diagnóstico.
Además, al haber pocos estudios y con diseños distintos, los intervalos de
confianza son amplios, especialmente para la sensibilidad, lo que refleja
imprecisión.
En resumen, el metaanálisis concluye
que la ecografía mediante el método de Graf presenta una elevada sensibilidad y
especificidad para el diagnóstico de la DEC, aunque la heterogeneidad entre
estudios y las diferencias en la edad de realización, los criterios
diagnósticos y la experiencia del operador limitan la fiabilidad de los
resultados combinados. Los datos sugieren que la precisión diagnóstica es mayor
cuando la ecografía se realiza entre las 4 y las 6 semanas de vida y por
operadores entrenados. No obstante, dado que el metaanálisis incluye tanto
estudios de cribado universal como selectivo sin analizarlos por separado, y no
evalúa desenlaces clínicos como sobrediagnóstico, sobretratamiento o necesidad
de cirugía, sus resultados no permiten establecer recomendaciones sobre la
conveniencia de un cribado ecográfico universal.
Pregunta 3. En lactantes menores de
6 meses, ¿disponemos de tratamientos eficaces para la displasia de cadera?
En lactantes menores de 6 meses
diagnosticados de DEC, el tratamiento conservador mediante ortesis de abducción
constituye la primera línea terapéutica. El objetivo de estas ortesis es
mantener la cabeza femoral reducida dentro del acetábulo durante una fase
crítica del desarrollo, favoreciendo así la maduración y remodelado de la
articulación.
En menores de 6 meses se emplean
fundamentalmente dos tipos de férulas: dinámicas y estáticas, que se
diferencian en su mecanismo de acción y en el grado de movilidad que permiten
al niño.
Las férulas dinámicas mantienen la
cadera en una posición de flexión y abducción controlada, pero permiten que el
lactante realice movimientos activos de las piernas dentro de un rango seguro.
El ejemplo más conocido es el arnés de Pavlik, considerado el tratamiento
estándar. Otros dispositivos con funcionamiento similar son la férula de
Tübingen y la férula de Craig.
Por el contrario, las férulas
estáticas mantienen la cadera en una posición fija, sin permitir movimiento
activo significativo. Actúan mediante una inmovilización pasiva y continua en
abducción, con el fin de mantener la cabeza femoral dentro del acetábulo.
Ejemplos clásicos de este grupo son la férula de Von Rosen y la férula de
Frejka.
La revisión sistemática Cochrane de
Dwan et al. de 2022 constituye el análisis más completo
hasta la fecha sobre la eficacia real de los métodos ortésicos (dinámicos o
estáticos) en el tratamiento de la DEC en lactantes menores de seis meses (18).
Incluyó 6 ensayos clínicos aleatorizados o cuasi-aleatorizados (576 pacientes)
y 16 estudios no aleatorizados (8 237 pacientes), publicados entre 1990 y 2021.
Los resultados principales mostraron
que, entre las caderas inmaduras o displásicas pero no francamente luxadas, no
hubo diferencias significativas entre iniciar el tratamiento de forma inmediata
(al diagnóstico) o retrasarlo hasta 6-12 semanas. En los dos ensayos que
midieron el índice acetabular al año, las diferencias medias (DM) fueron
mínimas: DM 0,10 (IC 95%: -0,74 a 0,94) y DM 0,20 (IC 95%: -1,65 a 2,05). A los
dos años, los resultados fueron similares (DM -1,90; IC 95%: -4,76 a 0,96 y DM:
-0,10; IC 95% -1,93 a 1,73). No se registraron datos a cinco años. Tampoco se
observaron diferencias en la necesidad de cirugía (RR 1,00; IC 95%: 0,14-7,10)
ni en la aparición de complicaciones graves, ya que ninguno de los tres
estudios que lo evaluaron notificó casos de necrosis avascular ni parálisis
femoral. Un ensayo comparó férulas dinámicas frente a estáticas en 118 caderas
y no halló diferencias radiográficas ni quirúrgicas, con ausencia de
complicaciones (evidencia de muy baja certeza).
En conjunto, los resultados indican
que en caderas inmaduras o luxables el uso inmediato de férula no acelera la
maduración acetabular ni reduce la probabilidad de cirugía frente a la
observación o el tratamiento diferido. Los autores calificaron la certeza
global de la evidencia como muy baja en todos los desenlaces, por el riesgo de
sesgo y la imprecisión derivada del escaso tamaño muestral. La heterogeneidad
clínica (distintos tipos de férula, criterios de inclusión, grados de displasia
y tiempos de inicio) impidió la realización de metaanálisis. Los autores
destacan que ningún ECA incluyó caderas francamente luxadas, lo que limita la
extrapolación de los resultados a los casos más graves.
A diferencia de la revisión Cochrane
(18), que se centró en displasias leves o caderas con inestabilidad, el estudio
prospectivo multicéntrico de Aarvold et al. aporta información
relevante sobre la eficacia del tratamiento ortésico en los casos más graves de
displasia (19). Este trabajo incluyó 59 caderas dislocadas o irreductibles
diagnosticadas antes de los seis meses, con un seguimiento medio de 26 meses.
El arnés de Pavlik fue el tratamiento inicial en 48 de las 59 caderas y logró
una reducción estable en el 56,3% de los casos, mientras que el resto precisó
posteriormente reducción cerrada o abierta. Dos pacientes (3 caderas)
abandonaron el arnés por parálisis femoral, que se resolvió tras retirarlo; el
resto se suspendió por ausencia de reducción y riesgo de necrosis avascular o
desgaste acetabular. Los resultados fueron mejores en las caderas izquierdas (p
= 0,01), sin diferencias significativas según edad, sexo o bilateralidad. Pese
a que el estudio no utilizó la clasificación ecográfica de Graf y presenta
heterogeneidad intercentro en los protocolos de aplicación y retirada del
arnés, sus resultados sugieren que en caderas luxadas o irreductibles un intento
inicial con el arnés de Pavlik, bajo control ecográfico estrecho y con retirada
precoz si no se logra reducción, puede ser una estrategia segura y
potencialmente eficaz. Este estudio complementa la revisión Cochrane (17) al
aportar datos clínicos en el extremo más severo del espectro de la DEC.
Por otro lado, la revisión
sistemática de Ashoor et al. amplía la evidencia disponible al comparar
la efectividad y seguridad de los principales dispositivos empleados en este
grupo de edad (20). En una revisión de 30 estudios (10 881 caderas) donde se
comparan 5 dispositivos (arnés de Pavlik, férula de Von Rosen, férula de
Tubingen, ortesis de Frejka y férula de Aberdeen) los autores reportaron una
tasa de fracaso del 11,6% y de necrosis avascular del 5,1% para el arnés de
Pavlik, mientras que el resto de férulas mostraron menores tasas de fracaso
(Von Rosen 3,5%, Tubingen 7,8%, Frejka 7,2%, Aberdeen 4,1%) y de necrosis
avascular (Von Rosen 1,1%, Tubingen 0,5%, Frejka 1,15%, Aberdeen 0%). Sin
embargo, estas diferencias probablemente reflejan un sesgo de confusión por
indicación, ya que el arnés de Pavlik se utiliza en un espectro más amplio de
pacientes, incluyendo caderas más graves o irreductibles, mientras que las
otras férulas se reservan para displasias más leves.
De forma complementaria, el
metaanálisis de Marletta et al. de 2025 consolida cuantitativamente la
evidencia sobre la eficacia y seguridad del tratamiento ortopédico en lactantes
menores de seis meses (21). En un análisis de 22 estudios (12 191 caderas
tratadas), los autores demostraron que iniciar el tratamiento antes de los 3
meses se asocia con una tasa de éxito del 88,8 % (error estándar [EE] 0,57%), y
con tasas muy bajas de complicaciones: displasia residual 1,8 % (EE 0,25%) y
necrosis avascular 0,9 % (EE 0,18%). Cuando el tratamiento se inicia entre los
3 y 6 meses, la eficacia global sigue siendo alta (87,8 %, EE 0,34%), pero el
riesgo de displasia residual aumenta hasta el 20,3 % (EE 0,40%) y el de NAV al
9,7 % (EE 0,30%).
Si bien la revisión Cochrane (18)
mostraba que en caderas inmaduras o displásicas leves retrasar el inicio del
tratamiento algunas semanas no modifica la maduración acetabular ni la
necesidad de cirugía, el metaanálisis de Marletta (20) amplía el foco al
conjunto de la DEC. Este trabajo confirma que la edad de inicio del tratamiento
y la gravedad de la displasia son factores determinantes del éxito terapéutico:
el manejo precoz dentro de los tres primeros meses optimiza los resultados y
minimiza las complicaciones, mientras que el retraso o la mayor severidad de la
displasia incrementan el riesgo de fracaso y de NAV.
En conjunto, los hallazgos de ambas
revisiones no son contradictorios sino complementarios: en displasias leves,
puede optarse por una vigilancia inicial; en cambio, en formas moderadas o
graves, el tratamiento ortopédico precoz mediante férulas dinámicas parece
efectivo y seguro cuando se aplica tempranamente y bajo control ecográfico
estrecho.
Pregunta
4. ¿Cuáles son los daños potenciales del cribado?
Cualquier
programa de cribado debe considerar no solo los beneficios clínicos, sino
también los posibles daños, como el sobretratamiento, la ansiedad parental o
las intervenciones innecesarias.
En
el caso de la DEC, un aspecto crítico del cribado ecográfico universal es que
puede detectar caderas con hallazgos considerados “anormales” en el periodo
neonatal (especialmente las caderas tipo IIa en la clasificación de Graf) que,
sin intervención, tienden a normalizarse espontáneamente. En este sentido, la
revisión sistemática de Zomar et al. (22) aporta una síntesis
actualizada sobre la historia natural de la DEC y, por tanto, sobre el
potencial daño del cribado al identificar casos que se resolverían
espontáneamente. De los 860 estudios inicialmente identificados, 24 cumplieron
criterios de inclusión, con un total de 7606 lactantes seguidos de forma
longitudinal. La mayoría de los trabajos eran de bajo nivel de evidencia, y se
centraban en caderas Graf tipo IIa, es decir, fisiológicamente inmaduras, pero
no patológicas. En los 20 estudios que informaron la evolución natural, la tasa
media de resolución espontánea sin tratamiento fue del 84,3% (IC 95%:
76,1-92,6), y cuatro estudios en los que la normalización fue completa. Este
hallazgo confirma que una gran proporción de las alteraciones detectadas por
ecografía en las primeras semanas de vida no representan una verdadera
displasia. Sin embargo, los autores advierten de que esta resolución espontánea
se produce sobre todo en las formas leves, mientras que las formas más severas
muestran tasas de resolución menores. La revisión también enfatiza los efectos
adversos indirectos del sobretratamiento, como la disrupción del vínculo
madre-hijo, el estrés familiar y los costes sanitarios innecesarios, señalando
que la intervención precoz universal puede generar más perjuicios que
beneficios en caderas inmaduras que se normalizarían de forma natural. No
obstante, los autores reconocen limitaciones metodológicas relevantes,
derivadas principalmente de la baja calidad de los estudios incluidos, la
heterogeneidad en los criterios diagnósticos y en los grados de displasia
analizados, y el escaso seguimiento en muchas cohortes. En conjunto, aunque la
revisión apoya que la mayoría de las caderas inmaduras se resuelven
espontáneamente sin tratamiento, estas conclusiones deben interpretarse con
cautela debido a la imprecisión y fragilidad de la evidencia disponible.
Por
otro lado, aunque uno de los riesgos teóricos asociados al cribado universal de
la displasia de cadera es la generación de ansiedad en los padres ante
hallazgos falsamente positivos (especialmente en displasias tipo IIa que
podrían haber evolucionado espontáneamente), no se ha encontrado hasta la fecha
ningún estudio específico que evalúe este impacto emocional en el contexto del
cribado de cadera. La literatura existente sobre cribado neonatal en general sí
documenta efectos psicosociales adversos en los progenitores tras resultados
falsos positivos, incluyendo preocupación persistente, visitas médicas
innecesarias o alteración en la percepción del estado de salud del niño (23,24).
Sin embargo, esta evidencia indirecta no puede extrapolarse de forma automática
al cribado ecográfico de cadera, por lo que se identifica como una importante
laguna de conocimiento y una posible línea de investigación futura.
Pregunta
5. ¿Cuáles son los daños potenciales del tratamiento?
El tratamiento ortopédico precoz
mediante dispositivos de abducción es el estándar no quirúrgico en la DEC antes
de los 6 meses. Aunque generalmente se considera seguro y eficaz, existen
posibles efectos adversos físicos, emocionales y prácticos que deben valorarse
al prescribir y monitorizar su uso.
Un estudio retrospectivo publicado
en 2023 evaluó el impacto del diagnóstico de la DEC y de su tratamiento con el
arnés de Pavlik sobre el bienestar psicosocial materno y la lactancia materna,
comparando madres de 50 lactantes tratados con el arnés con madres de 33
lactantes evaluados pero no diagnosticados (25). Se utilizó el Hip Worries
Inventory y la Edinburgh Postnatal Depression Scale (EPDS) para
medir la afectación psicológica, además de un cuestionario específico sobre
lactancia materna.
Respecto a la lactancia, el 83% de
las madres con arnés refirió que amamantar fue más difícil con el dispositivo,
y el 11% interrumpió la lactancia antes de lo previsto por esa causa.
Paradójicamente, la edad media al cese de la lactancia fue mayor en el grupo
Pavlik (15,0 ± 9,6 meses) que en el grupo control (9,3 ± 7,6 meses; p = 0,009),
lo que indica que muchas madres mantuvieron la lactancia a pesar de las
dificultades. De este modo, el arnés no acortó la duración media de la
lactancia, pero sí dificultó su práctica y experiencia emocional.
De forma complementaria, un estudio
prospectivo reciente evaluó de manera longitudinal el impacto del arnés de
Pavlik sobre la experiencia de lactancia y el bienestar emocional materno,
utilizando cuestionarios validados (Beginning Breastfeeding
Survey-Cumulative BBS-C y Breastfeeding Self-Efficacy Scale-Short Form
BSES-SF) (26). En una cohorte de 29 madres de lactantes tratados con arnés
frente a 29 controles, el uso del arnés de Pavlik no aumentó la tasa de
abandono de la lactancia a las seis semanas (76% frente a 89%; p = 0,30), pero
sí se asoció con una menor autoeficacia materna para amamantar. Las
puntuaciones del BBS-C (indicativas de menor autoeficacia en la lactancia)
fueron significativamente más bajas en el grupo con arnés a las 4 semanas (17,6
± 6,4 vs. 20,8 ± 3,7; p = 0,045) y a las 6 semanas (17,2 ± 6,2 vs. 20,2 ± 3,3;
p = 0,029). De igual modo, las puntuaciones del BSES-SF fueron inferiores en el
grupo Pavlik a las 2 semanas (47,6 ± 11,8 vs. 54,1 ± 10,2; p = 0,047) y a las 4
semanas (48,5 ± 13,0 vs. 55,6 ± 10,3; p = 0,040). Las puntuaciones del BBS-C
fueron significativamente inferiores en el grupo Pavlik tanto a las 2 como a
las 6 semanas (diferencias medias entre -3 y -7 puntos; p < 0,05). Además,
el 42% de las madres reportó que el arnés afectó negativamente su capacidad de
amamantar, y el 13% lo percibió como un obstáculo frecuente.
Más allá de las repercusiones
emocionales y en la lactancia descritas en los estudios anteriores, también se
han documentado efectos físicos tardíos posiblemente derivados del tratamiento
ortopédico precoz. Valkama et al. evaluaron, en la edad escolar, a 58
niños tratados en la época de lactante con férulas de abducción y los
compararon con 62 controles sanos de la misma edad, observando una mayor
frecuencia de plagiocefalia (10,3% frente a 1,6%; p = 0,041) y un índice cefálico
significativamente superior (81,6% frente a 76,8%; p < 0,001), lo que indica
una tendencia hacia cráneos más anchos y cortos (27). A pesar de encontrar una
mayor frecuencia de plagiocefalia en lactantes que habían tenido DEC en la
infancia, no puede establecerse una relación causal con el uso del arnés de
Pavlik. El diseño retrospectivo, la falta de control de otras variables como el
parto de nalgas o la posición intrauterina, y el pequeño número de casos hacen
que la evidencia sea muy débil. Aun así, el estudio recuerda la importancia de
vigilar la posición y movilidad cefálica en lactantes tratados con férulas y de
ofrecer orientación preventiva a los padres para minimizar el riesgo de
deformaciones craneales.
Aunque el estudio es transversal y
no puede establecer causalidad, sus resultados sugieren que el tratamiento
ortopédico en la primera infancia puede favorecer deformidades posturales leves
del cráneo a medio plazo, especialmente si se combina con el posicionamiento
supino prolongado.
La complicación más grave del
tratamiento ortopédico continúa siendo la necrosis avascular de la cabeza
femoral. En este sentido, el estudio de Hussain et al. aporta
información sobre la NAV como posible daño físico del tratamiento de la DEC
(28). En una cohorte retrospectiva de 192 pacientes (247 caderas) tratados y seguidos durante once años, los autores
analizaron la incidencia de NAV según el tipo de tratamiento empleado. De los
405 casos diagnosticados, 213 (52,6%) se resolvieron espontáneamente, 93 (23%)
fueron tratados de forma conservadora (mediante férulas, doble pañal o arnés de
Pavlik) y 99 (24,4%) requirieron tratamiento quirúrgico. La NAV se desarrolló
en 45 de los 192 pacientes tratados (23,4%), pero únicamente en los que
recibieron cirugía, con una incidencia del 0% en los tratados con dispositivos
ortopédicos. Además, la edad al diagnóstico se asoció de manera significativa
con la aparición de NAV (p < 0,01): los niños diagnosticados después
de los 6 meses presentaron un riesgo relativo de 16,3 en comparación con los
diagnosticados antes. En cuanto a la repercusión funcional, solo 18 de los 192
pacientes (9,4%) mostraron NAV clínicamente relevante (grados III–IV según la
clasificación de Severin), mientras que la mayoría de los casos fueron leves o
asintomáticos.
Este estudio refuerza la evidencia
de que la NAV no constituye un daño atribuible al tratamiento ortopédico precoz
con férulas o arnés de Pavlik, cuya incidencia fue nula (0%; IC 95% 0-3,9%),
sino que representa una complicación relacionada con tratamientos quirúrgicos
tardíos y con el retraso diagnóstico. En términos metodológicos, aunque el
trabajo cuenta con un tamaño muestral considerable y un seguimiento prolongado,
su diseño retrospectivo y la heterogeneidad de técnicas quirúrgicas limitan la
capacidad para establecer relaciones causales firmes. Aun así, sus resultados
aportan una medida objetiva de seguridad del tratamiento ortopédico: en
lactantes menores de seis meses, el riesgo de NAV asociado al uso de férulas de
abducción o al arnés de Pavlik es prácticamente inexistente, lo que consolida
su perfil de eficacia y seguridad cuando se aplica de forma temprana y
correctamente supervisada.
Tal como se expuso en la pregunta 3,
el metaanálisis de Marletta (21) también aporta información relevante sobre la
seguridad del tratamiento ortopédico y las complicaciones asociadas,
especialmente la NAV. En este análisis de más de 12 000 caderas tratadas,
la NAV se presentó en menos del 1 % de los lactantes tratados antes de los 3
meses, pero aumentó hasta alrededor del 10 % cuando el tratamiento se inició
entre los 3 y 6 meses, coincidiendo además con un incremento de la displasia residual.
Estas cifras confirman que el riesgo de complicaciones es muy bajo en los
tratamientos precoces y correctamente aplicados, y que los casos de NAV se
concentran en presentaciones más graves o de diagnóstico tardío, donde los
intentos de reducción prolongados o forzados pueden comprometer la irrigación
epifisaria. En conjunto, la evidencia cuantitativa de Marletta refuerza la
conclusión de que el tratamiento ortopédico precoz con arnés de Pavlik o
férulas de abducción mantiene un perfil de seguridad excelente, mientras que el
inicio tardío constituye el principal factor de riesgo de daños vasculares y
fracaso terapéutico.
Otra complicación descrita en la
literatura es la parálisis del nervio femoral (PNF), una neuropatía transitoria
secundaria a la compresión del nervio bajo el ligamento inguinal por una
excesiva flexión o tensión del arnés de Pavlik. El estudio retrospectivo de
Murnaghan et al. (29), que analizó 1 218 lactantes tratados durante 17
años, reportó una incidencia global del 2,5% (30 casos). La mayoría aparecieron
durante la primera semana de tratamiento, especialmente en lactantes mayores,
con mayor peso corporal o con displasia más severa (Graf IV). En todos los
casos la debilidad del cuádriceps fue reversible tras la retirada o reajuste
del arnés, confirmando el carácter transitorio de la lesión. No obstante, la
persistencia de la parálisis más allá de los 10 días se asoció con un riesgo de
fracaso terapéutico del 70 %, frente al 6 % en los controles (p < 0,001). El
éxito global del tratamiento fue del 94 % en los pacientes sin PNF y del 47 %
en los que la desarrollaron. Estos hallazgos subrayan la necesidad de una
vigilancia estrecha de la función del cuádriceps durante las primeras semanas,
así como de una correcta posición de flexión (90–100°) para evitar la
compresión nerviosa y reducir el riesgo de fracaso del tratamiento.
VALORACIÓN
DE LA EVIDENCIA
En
conjunto, la evidencia actual sobre el cribado, diagnóstico y tratamiento de la
displasia evolutiva de cadera en lactantes menores de seis meses es amplia,
pero heterogénea, con predominio de estudios observacionales y revisiones
sistemáticas que presentan limitaciones metodológicas, riesgo de sesgo e
imprecisión.
La
evidencia disponible no demuestra que el cribado ecográfico universal reduzca
desenlaces clínicamente relevantes, como el diagnóstico tardío, la necesidad de
cirugía o las secuelas a largo plazo, en comparación con estrategias basadas en
exploración clínica y ecografía selectiva. Por el contrario, el cribado
ecográfico universal incrementa la detección de caderas inmaduras o
alteraciones leves, especialmente caderas tipo IIa según Graf, muchas de las
cuales evolucionan espontáneamente hacia la normalidad. Esto aumenta el riesgo
de sobrediagnóstico, sobretratamiento y medicalización innecesaria, sin
beneficios clínicos demostrados.
La
exploración física seriada continúa siendo la base del cribado en Atención
Primaria. Aunque las maniobras de Ortolani y Barlow presentan sensibilidad
limitada, muestran alta especificidad y elevada capacidad para aumentar la
probabilidad diagnóstica cuando son positivas, justificando una evaluación
ecográfica preferente. Su utilidad es máxima en el periodo neonatal precoz,
cuando predomina la inestabilidad dinámica de la cadera. Con el crecimiento
disminuye la laxitud capsular y aumentan las contracturas musculares y la
limitación de la abducción se convierte en el signo clínico más relevante. La
exploración normal no excluye la enfermedad, especialmente en presencia de
factores de riesgo mayores.
La
ecografía mediante el método de Graf constituye la prueba diagnóstica de
referencia, con elevada sensibilidad y especificidad, aunque su rendimiento
depende de la edad de realización y de la experiencia del operador. La
realización precoz durante los primeros días de vida aumenta el riesgo de
falsos positivos debido a la inmadurez fisiológica de la cadera, mientras que
la ecografía realizada entre las 4 y 6 semanas parece ofrecer el mejor
equilibrio entre detección y precisión diagnóstica. La evidencia disponible
apoya especialmente su utilización de forma selectiva en lactantes con factores
de riesgo o hallazgos clínicos sospechosos.
Respecto
al tratamiento, las ortesis de abducción representan una estrategia eficaz y
globalmente segura en lactantes menores de seis meses, especialmente cuando se
aplican precozmente en formas moderadas o graves. Sin embargo, existe
incertidumbre sobre el momento óptimo de inicio en caderas inmaduras o
displasias leves, ya que muchas pueden evolucionar favorablemente sin
tratamiento inmediato. La evidencia sugiere que retrasar algunas semanas el
inicio terapéutico en formas leves no empeora los resultados, mientras que en
displasias más graves el tratamiento precoz se asocia con menor riesgo de
complicaciones y mejores resultados funcionales.
En
relación con los daños potenciales, la principal consecuencia adversa del
cribado universal es el sobretratamiento derivado de identificar alteraciones
que podrían resolverse espontáneamente. El tratamiento ortopédico precoz,
aunque presenta un perfil de seguridad favorable, puede afectar al bienestar
materno y a la experiencia de la lactancia. Complicaciones graves como la
necrosis avascular son excepcionales en tratamientos ortopédicos bien indicados
y se concentran principalmente en formas graves o tratamientos tardíos. La
parálisis del nervio femoral es infrecuente, reversible y suele resolverse tras
el ajuste o retirada del dispositivo.
En
conjunto, la evidencia apoya una estrategia basada en exploración clínica
seriada de todos los lactantes, complementada con ecografía selectiva en
presencia de factores de riesgo o hallazgos clínicos sugestivos. Esta
aproximación parece ofrecer el mejor balance entre beneficios, riesgos y
utilización adecuada de recursos sanitarios.
RECOMENDACIONES DE OTROS GRUPOS
1. U.S.
Preventive Services Task Force (USPSTF) - 2006 (30)
●
No hay evidencia suficiente para recomendar a favor ni en
contra del cribado sistemático de la DEC en recién nacidos mediante exploración
clínica o ecografía.
●
Justifican esta postura en que entre el 60-80 % de las
caderas consideradas anormales en el examen físico neonatal y más del 90 % de
las alteraciones ecográficas tempranas se resuelven espontáneamente.
●
No descartan beneficios en subgrupos, pero subrayan la falta
de evidencia directa de que el cribado universal reduzca los desenlaces
adversos.
2. American Academy of Pediatrics (AAP) - 2000 (31)
Recomendación:
exploración
clínica seriada + ecografía selectiva en grupos de riesgo
●
Indican realizar exploración clínica de la cadera en todos
los controles de salud infantil durante el primer año de vida.
●
No apoyan la ecografía universal.
●
Proponen ecografía dirigida entre las 4-6 semanas y hasta
los 6 meses en lactantes con:
o
Presentación podálica
o
Antecedentes familiares de DEC
o
Hallazgos clínicos persistentes de inestabilidad
●
En caso de hallazgos clínicos leves: reevaluación a las 2
semanas. Si persisten: derivación a ortopedia pediátrica.
3. American Academy of Orthopaedic Surgeons (AAOS) - 2022 (32)
Recomendación:
cribado
clínico universal + ecografía selectiva
●
Coinciden con la AAP en no recomendar ecografía universal.
●
Indican cribado clínico de rutina y ecografía dirigida en
casos con factores de riesgo o hallazgos físicos anormales.
4. UK National Screening Committee (NSC) – 2006 (33)
●
No recomienda el cribado ecográfico universal.
Considera que la evidencia actual es insuficiente para justificar un programa
de cribado universal con ecografía en todos los recién nacidos.
●
Recomienda cribado clínico sistemático al
nacimiento y a las 6–8 semanas, con exploración física orientada a la detección
de signos de inestabilidad de cadera.
●
Apoya el uso de ecografía únicamente de forma
selectiva, es decir, dirigida a recién nacidos con signos clínicos sospechosos
o con factores de riesgo conocidos.
●
Reconoce que la mayoría de las caderas con
hallazgos ecográficos anormales en el periodo neonatal se normalizan sin
intervención, y que la ecografía universal podría provocar un sobretratamiento
innecesario.
5. Canadian Task Force on Preventive Health Care - 2001 (34)
●
Recomienda la exploración clínica seriada de las
caderas por un examinador entrenado en todos los lactantes hasta que caminen de
forma independiente.
●
No recomienda el cribado ecográfico generalizado
(ecografía para todos los recién nacidos) como parte del examen rutinario.
●
Tampoco recomienda ecografía ni radiografía
selectivas rutinarias para los lactantes de alto riesgo como estrategia
estandarizada de cribado.
●
Recomienda, en casos de DEC clínicamente
detectada, un período de observación supervisada como alternativa razonable al
tratamiento inmediato, cuando la displasia no es severa.
RECOMENDACIONES
DE PREVINFAD
|
Recomendación |
Fuerza de la recomendación |
|
Se sugiere no realizar cribado
universal con ecografía |
Débil en contra |
|
Se sugiere realizar exploración
física sistemática en ambas caderas en todos los lactantes |
Débil a favor |
|
Se recomienda realizar ecografía
dirigida en aquellos lactantes con factores de riesgo mayores* o signos
clínicos positivos |
Fuerte a favor |
*Los factores de riesgo que justifican ecografía
selectiva son:
• Presentación de nalgas
• Antecedente familiar de primer grado
Otros factores como el sexo femenino, tortícolis,
oligoamnios, asimetría de pliegues o “clic” aislado pueden aumentar el riesgo,
pero no justifican por sí solos la realización de ecografía salvo asociación
entre ellos o persistencia de hallazgos clínicos en controles sucesivos.
ESTRATEGIAS
DE BÚSQUEDA
●
("Hip
Dysplasia" OR "Developmental dysplasia of the hip") AND
("Mass Screening" OR screening OR "clinical examination" OR
"hip ultrasound") AND (infant OR newborn)
●
("Developmental
dysplasia of the hip") AND (“ultrasound” OR "physical
examination" OR “screening”)
●
("Developmental
dysplasia of the hip ") AND ("delayed diagnosis" OR "late
diagnosis") AND (surgery OR arthroplasty)
●
(“Developmental
dysplasia of the hip”) AND ("Risk Factors")
●
("Developmental
dysplasia of the hip”) AND (brace OR harness OR Pavlik) AND (complication OR
"avascular necrosis" OR failure)
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